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LA ECONOMIA
BUDISTA
El punto de vista budista considera
la función del trabajo por lo menos en tres aspectos: dar al hombre una
posibilidad de utilizar y desarrollar sus facultades; ayudarle a liberarse de su
egocentrismo, uniéndolo a otras personas en una tarea común; y producir los
bienes y servicios necesarios para la vida.
Mientras que el materialista está
particularmente interesado en las mercancías, el budista está interesado en la
liberación. Sin embargo, el budismo es "El camino del Medio" y, por
lo tanto, de ninguna manera se opone al bienestar físico. En el camino de la
liberación no es la salud el obstáculo sino el apego a ella, tampoco lo es el
goce de cosas placenteras sino el desearlas incontrolablemente. La
clave de la economía budista, por lo tanto, es simplicidad y no violencia.
Desde el punto de vista de un economista, la maravilla de la forma budista de
vida es la extremada racionalidad de su modelo: medios sorprendentemente
pequeños que conducen a resultados extraordinariamente satisfactorios.
Esto es muy difícil de entender para el
economista moderno. El está acostumbrado a medir el "nivel de vida"
por medio del consumo anual, suponiendo siempre que un hombre que consume más
está "en mejores condiciones" que otro que consume menos. Un
economista budista consideraría este enfoque excesivamente irracional; dado que
el consumo es meramente un medio para el bienestar humano, el fin sería la
obtención de un máximo de bienestar con un mínimo de consumo. De esta manera,
si la finalidad de la vestimenta es obtener una temperatura confortable y una
apariencia atractiva, la tarea consiste en lograr este propósito con el menor
esfuerzo posible, es decir, con la menor destrucción anual de la tela y con la
ayuda de diseños que requieren el menor esfuerzo posible para realizarlos.
Cuanto menos sea el esfuerzo mayor será el tiempo y las fuerzas reservadas para
la creatividad artística. Por ejemplo, sería altamente antieconómico desear
una confección complicada, como en el occidente moderno, cuando se puede
obtener un efecto mucho más hermoso mediante un arreglo adecuado sin cortar la
tela.
La economía moderna, por otro lado, tiene
al consumo como el único fin y propósito de toda actividad económica,
considerando los factores de producción (tierra, trabajo y capital) como los
medios.
La simplicidad y la no-violencia están,
obviamente, muy estrechamente vinculadas. El modelo óptimo de consumo, a la vez
que produce un alto grado de satisfacción humana por medio de una proporción
relativamente baja de consumo, permite a la gente vivir sin grandes tensiones y
cumplir con uno de los principios básicos de la enseñanza budista: "Deja
de hacer el mal, trata de hacer el bien".
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