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ASTROLOGÍA

EL SOL EN LA CARTA NATAL POR HOWARD SASPORTAS

  No puedo recalcar lo suficiente la importancia del Sol. En mi opinión, es el corazón de la carta, lo cual no debería sorprender cuando barca el 99,8 por ciento del sistema solar. Directa o indirectamente proporciona toda la energía que sostiene nuestra existencia terrestre; todos los alimentos y los combustibles que necesitamos se derivan de las plantas, que dependen de la luz solar para realizar la fotosíntesis. De modo que no es arbitrario que el Sol sea lo que más se destaca en la carta.
  Estoy seguro de que para sentirnos completos y realizados es necesario que demos expresión a nuestro signo solar; debemos hacer un esfuerzo por cultivarnos en la esfera de la vida asociada con la casa donde tenemos emplazado el Sol, y encontrar maneras constructivas de personificar, integrar y utilizar cualquier planeta que esté en aspecto con él.
  Cuando alguien me pide que interprete su carta, siempre me aseguro de que esté en contacto con las características de su signo solar, de que las exprese a conciencia, con determinación y de forma positiva. Siempre que los datos sean correctos, creo más en la carta que en la persona que tengo sentada ante mí. También soy de la opinión que la mayoría de los horóscopos de los periódicos  y revistas basados en el signo solar parten de una premisa incorrecta. Los autores suelen suponer que uno es automáticamente como su signo solar, de modo que a todos los arianos los describen como dinámicos, egocéntricos e impulsivos, y para ellos todos los Géminis son frívolos y se pasan la vida flirteando. Pero no es así. Este tipo de horóscopos serían más valiosos si partieran de la premisa de que el signo solar representa características que necesitamos fomentar y cultivar de manera constructiva para llegar a ser lo que sólo cada uno puede ser, para ser auténticamente quienes somos y sentirnos bien con nosotros mismos. En vez de afirmar: "Tú eres de Aries, de manera que eres una persona autoafirmativa", podrían decir: "Tú tienes al Sol en Aries y esto indica que uno de tus principales propósitos en la vida es cultivar tu coraje, tu dinamismo y la capacidad de hacerte valer de una manera viable y operativa". Notad la diferencia. Si tomamos en consideración la totalidad de la carta, podemos analizar de que manera contribuirán -o se opondrán- otros factores en la naturaleza del nativo al sano desarrollo de las características propias de su signo solar.
  El Sol representa el proceso de definir nuestra individualidad y nuestro sentimiento de ser seres independientes, pero también es el vínculo que nos une con esa parte nuestra que participa en la totalidad de la vida. Al expresar nuestra unicidad y nuestra auténtica individualidad nos vemos arrastrados a participar en algún esquema o plan más vasto por medio del cual la totalidad y la integridad de la vida  se vuelven evidentes. Como los diferentes instrumentos musicales  en una orquesta, cada individuo tiene que tocar su propia parte en la composición global de la vida. Pero antes de que podamos ser un recipiente adecuado para algo mayor que nosotros mismos, necesitamos empezar cultivando un fuerte sentimiento del "yo", una identidad sana, funcional y sincera.

EL SOL POR SIGNO

  El signo en el que está el Sol muestra el camino que es preciso tomar para cultivar un yo y un sentimiento de individualidad sanos. Al desarrollar las características positivas y constructivas de nuestro signo solar, nos sentimos más completos y realizados. Necesitamos tener un lugar en nuestra vida donde podamos expresar e irradiar las cualidades de nuestro signo solar (quizás a través de una vocación o profesión). El signo solar es un símbolo de aquello por lo cual es necesario luchar (conscientemente) y que es preciso alcanzar, no de lo que surge de forma instintiva. El signo solar también matiza la imagen que tenemos del padre y del animus.

EL SOL POR CASA

  La casa del Sol (y la que contenga a Leo o lo tenga en la cúspide) designa un área de la vida en la que necesitamos alcanzar logros y distinguirnos de alguna manera, sobresalir o sentirnos especiales. Al dedicarnos a las actividades asociadas con esa casa, nos forjaremos un sentimiento más claro de quiénes somos , de nuestro yo y  nuestra identidad. (Es en este ámbito de la vida donde nos separamos de la madre arquetípica y definimos mejor nuestra condición de seres independientes).
  La vida puede ser una lucha en la casa del sol. tenemos que librar batallas con los dragones que nos retienen o que obstruyen nuestro crecimiento y nuestro desarrollo en la esfera de la experiencia asociada con la casa del sol. Con frecuencia sentimos que este es un dominio en el que podríamos hacer más de lo que ya hemos hecho y mejor.
  En la casa del Sol pueden aparecer los problemas con el padre o con el animus.
  La casa del Sol podría dar pistas sobre una vocación o profesión.

LOS ASPECTOS DEL SOL

  Cualquier planeta que esté en aspecto con el Sol representa una energía o un arquetipo que se vincula (positiva o negativamente) con la evolución de la individualidad, la identidad y la autoexpresión. Es necesario encontrar maneras constructivas de expresar e incluir esta energía en la vida (tal vez mediante una vocación o profesión que implique a este planeta). Por ejemplo, alguien con el Sol en aspecto con Neptuno tiene que encontrarse de alguna forma con este planeta como parte del proceso de individuación; también podría dar expresión a Neptuno mediante una carrera "neptuniana", orientada quizás hacia la sanación, la música o las artes.
  Es probable que nos enfrentemos con los aspectos del Sol por mediación de otras personas importantes en nuestra vida (especialmente en el caso de la oposición). Por ejemplo, alguien con el Sol en oposición con Saturno puede sentir que los demás lo limitan  o lo bloquean. En última instancia, tenemos que reconocer e integrar las características que habitualmente proyectamos en los demás.
  Los problemas relacionados con el padre y con el animus se verán matizados por la naturaleza de cualquier planeta que esté en aspecto con el Sol.

EL SOL Y EL PADRE

  A comienzos de la década de los ochenta, el psicoanalista James Herzog, de la Universidad de Harvard, acuñó la expresión "hambre de padre" para describir el estado psicológico de los niños quw se habían visto privado del padre a causa de una separación, un divorcio o la muerte. Investigaciones más recientes han conseguido que se revaluara y ampliara esta definición para incluir a los hijos de padres que, pese a estar físicamente presentes, eren inadecuados o se mantenían a cierta distancia psicológica. Yo definiría el hambre de padre como el anhelo subconsciente de un padre ideal perdido, del padre que no se tuvo, del que no estuvo ahí de la manera que necesitábamos desesperadamente que estuviera. Herzog descubrió que estos niños (los varones en particular, pero en gran parte es igualmente válido para las niñas) tuvieron problemas en cuatro ámbitos básicos. En primer lugar, con el hecho de brindar cuidados: es muy difícil dar algo que no se recibió. Es probable que para alguien que tuvo una experiencia de  privación paterna, el papel de padre o de madre le resulte más difícil cuando le llegue el turno. El segundo dominio en el que Herzog detectó problemas relacionados con la falta de una relación positiva con el padre es el de la capacidad de establecer intimidad con otras personas en la vida adulta, tanto si se trata de hombres como de mujeres. El padre es el primer modelo del principio masculino, de cómo son los hombres. Si es distante y remoto, el niño supondrá que ser hombre significa ser así; la niña podría deducir que así es cómo son todos los hombres. Andar por el mundo cargando con una imagen como ésta condiciona qué y a quién encontramos a lo largo de la vida, por no hablar de la forma en que interpretamos el comportamiento de otras personas y de cómo reaccionamos ante él. Creo que fue la psicóloga humanista Jean Houston quien dijo en una ocasión que la vida tiene su propia manera de adaptarse a nuestras expectativas.
  En tercer lugar, Herzog observó que la carencia de un modelo paternal adecuado puede provocar problemas con la agresividad y la autoafirmación. Es interesante observar que el retrato psicológico de los primeros años de vida de convictos y prisioneros revela con frecuencia la ausencia del padre o una mala relación con él. Para un niño manifiestamente agresivo u hostil será beneficioso tener un padre que le ponga límites. También la madre puede hacerlo, pero las relaciones triangulares activan importantes cuestiones sobre las fronteras y la autoafirmación (como en el complejo de Edipo), y en la vida tenemos ocasión de aprender valiosas lecciones al ir enfrentándonos a estos conflictos. Si alguien no es lo suficientemente autoafirmativo, un padre adecuado puede ser el modelo que le ofrezca maneras de ser más osado o más valiente. El cuarto punto de Herzog se relaciona con el tema que estamos tratando: los niños con privación paterna suelen tener dificultades con los logros y con el dominio del mundo. Dicho sea de paso, puede haber en el entorno del niño alguien que no sea el padre biológico, pero que sirva como sustituto paterno en todos los temas de los que hemos hablado.
  Me parece estupendo que un número cada vez mayor de hombres estén buscando la manera de asumir de forma más activa su papel de padres. Pero, como ya he dicho, no siempre es fácil dar algo que no se recibió. Ser un padre adecuado será un reto más difícil para quien no guarde en la memoria imágenes positivas de las actitudes de su padre. Además, cuando un padre intenta cuidar y nutrir afectivamente a su hijo recién nacido e indefenso, pueden despertarse los sentimientos dolorosos que son un remanente de su propia infancia, es decir, una pena, una frustración y una cólera hasta entonces profundamente sepultadas. Es probable que, al resurgir, estas emociones interfieran en su sincero deseo de ser un buen padre; es decir que probablemente, para que el "hombre nuevo" pueda llevar a cabo su deseo de participar cálida y afectuosamente en la crianza de su hijo, tendrá que empezar por hacer una buena "limpieza general" en el ámbito psicológico, y en particular deberá trabajar con los problemas no resueltos entre él  y su propio padre. El mismo razonamiento se aplica a madres e hijos y, naturalmente, a madres e hijas.
  Hay una clara conexión entre la formación del yo y el tipo de interacción que se ha tenido con el padre. Al comienzo, nuestra identidad está fundida con la identidad materna; la tarea evolutiva desde aproximadamente los seis meses en adelante es liberar el yo (o lo que también podríamos llamar nuestro sentimiento de ser alguien independiente), de modo que se distinga nítidamente de la madre. Innecesario es decir que por lo común esto provoca una buena dosis de ambivalencia o de angustia de separación, porque una parte de uno preferiría seguir fundido  con ella, en ese estado ubórico (Uroboros: la serpiente que se muerde la cola, símbolo esotérico de unidad)

  

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